martes, 19 de mayo de 2009


Apuesto mi ropa interior y mis pestañas a que no aguantaste y te quedaste, tus piernas empezaron a temblar y tu cara se empezó a empapar, ahora seguramente estas arrodillada, llorando, atrás de la puerta, frustrada, te opacás tan fácilmente que ya casi no brillas.
Si, era verdad ahí estaba Florencia, nena chiquita, castaña, adoles-cente , una vez más que cae en su autodestrucción son siempre las mimas voces, los mismos comentarios, la misma indiferencia, sus manos retienen su cabeza, llora y cada vez se siente peor. Se arrastra hasta el baño, no encuentra ni las fuerzas para desnudarse, ahora esta arrodillada otra vez, pero en la bañera. Agua, cae el agua tibia, pero primero fría sobre su pelo, maquillaje oscuro que chorrea y baja por su pecho, la musculosa blanca que llevaba esta mojada y adherida a su piel, igual que se adhiere toda esa gente molesta de su entorno. Florencia quiere morir, pero es tan cobarde. Se levanta cierra las canillas, a esta altura ya esta anestesiada por todo su dolor que no siente el frío que se siente cuando se sale de la ducha mojada y no hay una toalla para cubrir el cuerpo. Camina dejando las pequeñas huellas de sus pies por el parquet. Los ojos de Florencia son tan profundos, como un vaso de coca-cola, oscuros y vacíos.
El mundo la esta absorbiendo pero no importa dentro de unos minutos…
Todo va a estar bien.

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